Muchos son los que se acercan a
nuestro monasterio para conocer sus
obras artísticas. Son siglos de
arte, de historia... pero también de
algo más...
Nosotras, querido
visitante, vivimos aquí desde 1363,
somos una comunidad de hijas se
santa Clara. Sí, de la compañera de
san Francisco de Asís, aquella joven
valiente que quiso unirse a él para
seguir su mismo camino:
vivir según el santo evangelio, seguir a Jesús.
"Carísima, sé fiel
hasta la muerte a Aquel a quien te
has prometido, pues serás coronada
por él con la corona de la vida.
Breve es aquí nuestro trabajo, la
recompensa, en cambio, eterna; que
no te confunda el estrépito del
mundo que huye como una sombra; que
no te hagan perder el juicio los
vanos fantasmas de este siglo falaz;
cierra los oídos a los silbidos del
infierno y, fuerte, quebranta sus
embestidas; soporta de buen grado
los males adversos, y que los bienes
prósperos no te ensoberbezcan: pues estos piden
fe, y aquellos la exigen; cumple con
fidelidad lo que has prometido a
Dios, y Él te retribuirá".
Estas palabras de santa Clara son
nuestro verdadero deseo, vivir solo
para Cristo.
Nuestra casa ha sido
durante siglos un lugar de
contemplación, de encuentro con el
Señor y también un lugar de
evangelización, de transmisión de
cultura, de las artes, como fue y
quiere seguir siendo, la vida
religiosa en toda Europa. Pues esta
casa es el lugar donde nuestra
llamada nos ha traído
"para estar con Él".
Hasta los lugares del monasterio nos
hablan del paraíso, así se llama el
patio del claustro:
VERGEL,
paraíso, que nos habla de armonía
primera, de familiaridad entre Dios
y el hombre. O el precioso
artesonado
de nuestra Iglesia en donde aparecen,
como si quisieran darse la mano el
cielo y la tierra. Santos y reyes,
profetas y monjes, evangelistas...
todos están allí con nosotras, que
queremos estar aquí escondidas en el
corazón de la Iglesia. El
Coro Largo,
donde santos y santas y hasta un
Juicio Final,
pintado en sus paredes nos recuerdan
la brevedad de la vida y el juicio
en el que "
a la tarde seremos
examinados por el amor". O la
intimidad de la pequeña
capilla de Nuestra Señora de los Ángeles
donde cada día estamos con el
Señor Eucaristía
y queremos con nuestra
adoración sentir como nuestro Padre
San Francisco que nos invita a orar
en todas las horas:
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