Formamos parte de aquel grupo numeroso de hombres y
mujeres
que profesan los consejos
evangélicos y de quienes el Concilio
Vaticano II dice en la Lumen Gentium:
"Ni piense nadie que los religiosos,
por su consagración, se hacen
extraños a la humanidad o inútiles
para la ciudad terrena.
Porque aunque en algunos casos no ayuden directamente a sus
contemporáneos, los tienen, sin
embargo, presentes, de un modo más
profundo en las entrañas de
Cristo..."
¿Por qué y para qué estamos aquí?
"Los
institutos dedicados por entero a la
contemplación, por mucho que urja la
necesidad del apostolado activo,
siguen siempre ocupando un lugar
preclaro en el Cuerpo Místico de
Cristo, en el que todos los miembros
no tienen la misma función (Rom. 12,
4). Pues ellos ofrecen a Dios un
eximio sacrificio de alabanza,
ilustran al pueblo de Dios con
frutos ubérrimos de santidad, lo
arrastran con su ejemplo y lo
dilatan con una misteriosa
fecundidad apostólica. De esta forma
son gala de la Iglesia y manantial
de gracias celestiales" (Vaticano
II, Perfectae Caritatis nº7).